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Una muy porteña aguafuerte veraniega

Es necesario aclarar, para no malinterpretar malhumores, que la proximidad del descanso vacacional, puede alterar algunos patrones de conducta que, en otra circunstancia, cualquiera sea, no deberían ser motivo de dicho estado del espíritu. Sobre todo en tipos que, como en quien esto escribe, no suele andar por ahí pateando cosas del piso o en incomodidad sonora y manifiesta. La cuestión es que, la sensación de estar por salir del berenjenal urbano, entiendo que altera los sentidos a medida que se acerca la fecha de partida. Si a semejante situación le sumamos dos datos más, muy importantes, la inestabilidad climática (humedad/lluvia/condensaciones/calor) y la invasión de extranjeros en las calles de la ciudad, hablando sus idiomas y buscando ediciones de Mafalda en las librerías o un bife de chorizo según nacionalidad, el cuadro predispone al observador urbano de la peor manera. En el trayecto de casa al trabajo, que hago en auto, dos comprobaciones conspiraron para arruinar una mañana q…

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